500 m. 4 minutos.
Mucho frío, aunque creí que iba a ser peor en los pies. Aún así, he vuelto con las plantas insensibles. He intentado doblar las rodillas y pisar primero con los metatarsos, relajarme y todo eso, pero casi no me ha dado tiempo a nada.
Trote cochinero, pero cochinero de verdad. Como se esperaba.
500 m. 4 minutos.
Las piernas, mejor, pero han terminado con sensación de cansancio.
Al dar la vuelta por la calle de atrás, que tiene una pendiente más pronunciada, he tenido que parar en medio de la subida y terminar andando. Lamentable.
1 Km. 6 minutos.
Hoy hace mucho frío y en este tiempo de carrera no da tiempo a que los pies entren en calor. Por eso he vuelto con las plantas entumecidas, pero no se han quejado de la agresión.
1 Km. 6 minutos.
Hoy no hace tanto frío como ayer y los pies iban mucho más cómodos. Aún así se me han entumecido las plantas y he notado más el frío del suelo durante la subida de regreso a casa, bajo los árboles.
Las piernas, perfectas, y la espalda, soportable.
Estos días he mencionado mucho el frío y las sensaciones que me causa sobre todo en los pies. Debo decir que a estas horas en que salgo a correr (sobre las 6:30) estamos muy cerca de 0ºC, y en algunas zonas algo alejadas de los edificios estamos por debajo claramente, porque hay hielo en el suelo. Me resulta muy sorprendente que en pleno invierno, rondando los cero grados y empezando el entrenamiento con salidas muy cortas los pies respondan tan bien, es una sensación muy placentera.
1 Km. 6 minutos
Hoy también está el cielo despejado y hace mucho frío. Las piernas van mejorando y pidiendo más, pero prefiero ir poco a poco, sobre todo por la espalda. Los pies, mejor cada día, aunque sigo llegando con las plantas entumecidas por el frío.
1,5 Km. 8 minutos
Parece que la temperatura sube muy lentamente aunque siga el cielo despejado toda la noche. Aún así el suelo sigue estando helado y se nota en los pies, y como siempre es peor a la vuelta. Sigo con el trote cochinero, pero considerablemente más cómodo. Hoy la espalda me ha molestado algo menos. Lo que noto claramente es que voy un poco despendolado, es difícil controlar lo que sucede con los pies, pero supongo que es normal dada la flojera muscular general.
1,5 Km. 8 minutos
Las piernas empiezan a pedirme más camino, aunque todavía no he acompasado el ritmo de la respiración y me canso y jadeo bastante, y eso que solo corro kilómetro y medio a ritmo de anciano. El suelo sigue estando muy frío a pesar de que la temperatura ha aumentado bastante. Pero se nota la subida de temperatura y llega uno a casa con las plantas de los pies menos insensibles.
2,3 Km. 12 minutos
Sigo con el ritmo de 6 minutos por kilómetro y, de momento, me encuentro cómodo en cuanto al cansancio. Pero en cuanto a la pisada y la manera de correr, el cuerpo me pide más velocidad, más zancada. La sensación es que las piernas y los pies están deseando sentirse libres y correr como es debido, no solo al trote cochinero. En fin, paciencia. Ahora que el cielo se ha cubierto y han caído algunas gotas estamos sobre los 8 grados, así que el frío en los pies ni se nota. Es mucho peor andar esquivando cacas de perro todo el tiempo. Así es imposible concentrarse. Hoy la espalda me ha respondido mejor de lo que esperaba ahora que voy aumentando la distancia un poco, aunque los glúteos estaban tensos cuando llegué a casa.
2,3 Km. 12 minutos
Mañana cubierta y suelo húmedo. Gran placer correr con el suelo húmedo, aunque me hubiera gustado encontrar charcos. Estoy encantado, porque en solo 9 días me encuentro mucho mejor y, de no ser por la espalda, estaría corriendo más y más rápido. Pero voy por el buen camino, al menos esa es la sensación.
El resto de la semana, salvo un día en que llovía un poco he aumentado la distancia muy ligeramente hasta los 2 Km y medio. Ese día había charcos por todas partes y el frío se notaba mucho más con el suelo mojado, no húmedo como otras veces. Y entre el frío y el agua del suelo los pies han sufrido mucho. Supongo que más a causa del agua que del frío, porque otros días la temperatura era menor y no tuve estos problemas. El caso es que el cemento rugoso ha empezado a molestarme a menos de un kilómetro de casa durante el camino de vuelta, es decir, tras correr un kilómetro o kilómetro y medio, y he dado una vuelta por detrás del museo para acortar camino. Así, además de ahorrar unos metros, iba pisando aceras más suaves que el cemento del paseo. También he probado a variar un poco el circuito habitual. Resulta que se me ocurrió salir del cemento de las aceras y el paseo y darme una vuelta por el parque. Mala idea. Llevo muy poco tiempo corriendo descalzo y , de momento, la gravilla de las sendas de los parques es demasiado agresiva. Se juntaba, además, el suelo mojado y los pies fríos. Al final me he limitado a la hierba y entre los dos trozos de hierba que me permitirían salir del parque y volver a la acera he pasado andando. Eso sí, la hierba es toda una sensación, y más si está húmeda. En una zona el terreno estaba encharcado y he disfrutado como un gorrino en una charca. También he tenido que prestar mucha atención a la pisada. Estaba empezando a relajarme y golpear fuerte con las plantas de los pies en el suelo. Lo que hice fue concentrarme en doblar un poco más las rodillas y «sujetar» los talones después de pisar con el antepié, de manera que toquen el suelo y se apoyen, pero que no golpeen con fuerza. Además, me he dado cuenta, cuando casi resbalo en un paso de cebra, de que voy lanzando los pies hacia adelante y frenando la zancada, ¿me explico? He prestado atención a pisar debajo del cuerpo y correr como sobre brasas ardientes (eso lo he leído en algún lado) y resulta que así lo más difícil es correr despacio. Bajar el ritmo corriendo así me da una sensación horrible de ser poco menos que ridículo, de correr estilo pasillo del asilo. Afortunadamente, a las horas a las que estas cosas suceden, alrededor de las 6 y media de la mañana, no hay nadie que me vea así que tengo libertad total. Otra cosa chula que me ha pasado esta semana es que uno de los días me encontré con una brisa fría frontal en el camino de ida. En el camino de vuelta, por lo tanto, era brisa a favor. El acompañar al viento es una sensación estupenda, iba corriendo en completo silencio, sin más sonidos que mi propia respiración. Al día siguiente, junto al mar, hubo viento fuerte en contra y pese al ritmo caracólico y las buenas sensaciones anteriores me cansé bastante. Y en una rampa muy intensa que hay para subir desde el mirador de nuevo a la calle tuve que subir andando. Mi forma física es deplorable, pero los pies responden bien y las piernas poco a poco se van desentumeciendo. Lo único que no acompaña como debiera es la espalda.
ánimo 😉 Todo camino empieza con el primer paso.
Te dejo la sección de recursos de esta web por si la encuentras de utilidad. Hablé de ella aquí
Yo¡Qué bien que te pases por aquí!
Me he alegrado mucho al ver un comentario tuyo, y además con regalito. Gracias también por los ánimos, este primer paso está siendo difícil, sobre todo por culpa de la espalda, pero siento que voy por el buen camino.
Jesús García¿sobre qué superficie?
YoHola, Jesús: Corro sobre cemento y, en menor medida, asfalto. O sea, superficie dura siempre, las aceras de la ciudad. Últimamente me he dado también unos paseos por el parque, sobre hierba y tierra. La hierba es genial, pero la tierra y la gravilla son más difíciles de lo que parece en un principio. Gracias por pasarte y comentar.