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Informanidades

Informática + Humanidades = Informanidades.

Es bien sabido de todos los que habéis leído mis artículos de opinión que mi experiencia universitaria no puede ser peor en lo tocante a algo de suma importancia para mí (y para muchos otros): la libertad de los formatos y del software. La mía es una carrera de letras, y las titulaciones de humanidades están vergonzosamente vendidas al software y los formatos privativos, en la práctica, a una sola empresa, dos a lo sumo. El estándar de facto está tan instituido que nadie se plantea su situación respecto a la informática que usa. En las carreras técnicas (sobre todo en Informática, obviamente) la situación es diferente, pero las opciones están enfocadas a sus materias. Más adelante se entenderá mejor lo que quiero decir con esto.

En mi humilde opinión, este concepto de la informática dentro de las titulaciones de letras es producto de la ignorancia. Desde hace tiempo, la formación en informática se ha limitado a un producto determinado: si aprendes ofimática, MS Office; si aprendes informática, así en general, MS Windows; si vas a cursos de «internet», las búsquedas en Google son el a-b-c. Por eso quiero ofrecer otro punto de vista. A los que seguís el blog seguramente no os hará falta, pero me gustaría ofrecer una alternativa viable y MEJOR (esto es importante) al uso de formatos propietarios sin renunciar a una calidad profesional de los trabajos. Este concepto me parece primordial, no se trata de hacer algo que sea «parecido» o que «así ya vale». Se trata de comprender que «libre es mejor» y demostrarlo, que la compatibilidad y la flexibilidad no nos llevarán a la búdica comunión con todos los seres, pero sí a la interacción con todas las máquinas y sus usuarios, y sobre todo a resultados óptimos.

Y en mi búsqueda de la libertad aumentando a la vez la calidad de mis trabajos me he topado con tres formatos de documentos (y una herramienta, pero eso será más adelante) que no se han explorado lo suficiente en el campo de los textos. Me estoy refiriendo a LaTeX, Markdown 1 y el propio y simple texto plano (los archivos .txt de toda la vida). Son formatos muy versátiles, increíblemente potentes y con unas grandes posibilidades de utilización dentro de los estudios de lenguas, historia, derecho... disciplinas todas basadas en el texto. Y aquí, aunque parezca lo contrario, es donde está el problema: toda la documentación, casi todos los manuales y, desde luego, la gente que programa estas maravillas pertenecen al mundo técnico y tecnológico. Por ejemplo, la inmensa mayoría de los manuales de LaTeX que se pueden encontrar tienen enormes listas de símbolos matemáticos (porque es un formato muy potente con las matemáticas), pero poca información acerca de otros usos. Y si puede con la edición profesional de complejísimas fórmulas, ¿podrá con los símbolos fonéticos? Puede, ya os digo yo que sí. Y con la poesía, y las tablas, y las imágenes, y...

Tras esta introducción / justificación, os cuento lo que me propongo: comenzar una serie de artículos que, comenzando por el principio, aunque sea repetir cosas ya sabidas por muchos y muy fáciles de encontrar en la red, y poco a poco, se metan en profundidad en parcelas puramente de estudios literarios o, de manera genérica, humanísticos. Estarán basados en lo que yo he ido aprendiendo lentamente durante estos años de carrera, habrá muchas cosas que necesitéis saber y que yo no sepa resolver. Por eso lo mejor es que preguntéis, porque colaborando, preguntando, todos aprendemos algo. Sobre todo yo, que es lo que me interesa.


  1. Hay una sección dedicada al lenguaje HTML, que era lo que aparecía en el texto original, pero terminó por no parecerme lo más aconsejable. Un segundo enfoque, adoptado después de comenzada esta serie de artículos, se centra en el más adecuado «lenguaje» Markdown.