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MacOS 11 Big Sur y la informática como producto

Muchos de los que leen estos artículos saben que utilizo de manera habitual un ordenador de la marca «Manzana» para el trabajo porque es el que me proporciona la empresa. Y ayer (viernes 13 de noviembre de 2020), cómo no, me apareció una notificación avisando del maravilloso aterrizaje de la versión 11 de MacOs, llamada «Big Sur». Pues muy bien, vamos a ver si interesa actualizar o no. Bueno, en principio no interesa, siempre es mejor esperar un tiempo a que pulan algunos detalles que seguro que irán apareciendo, pero ¿merecerá la pena? En fin, es una actualización mayor, no es de la 10.15 a la 10.16, sino que es una versión nueva, la 11.

Consulto algunos blogs de gente adicta a las manzanas y no encuentro más que anuncios de que si la barra es transparente, que si los iconos nosequé… pero, ¿y la chicha? Vamos a las fuentes.

El sistema operativo de escritorio más avanzado del mundo

Tal cual. Apple anuncia así su nueva versión. Cuando menos me parece una afirmación un tanto exagerada y discutible, pero la aceptaremos por el momento ¡Genial, voy a tener lo mejor del mundo en mi súper Mac! Vamos a ver por qué es así.

La página del anuncio del lanzamento de Big Sur es una chulada, con imágenes que se mueven según vas bajando. Aunque esto tampoco es nada nuevo, el diseño es muy llamativo, y algunas se mueven en horizontal en una sorprendente ruptura de lo habitual que al principio marea un poco. La página consta de anuncios, anuncios y más anuncios de cambios estéticos y de mejoras en aplicaciones concretas pero… ah, aquí está, casi al final de todo un botón azul que dice Saber más bajo un enorme texto: La lista completa de novedades de macOS Big Sur. Vamos allá.

Vaya, pues es más o menos lo mismo pero sin fotos que se mueven: barra mejorada y traslúcida, dock flotante y también traslúcido, nuevos iconos, nuevo conjunto de sonidos, ventanas menos recargadas… También hay un nuevo Centro de Control, que parece ser que funciona como un acceso directo a las Preferencias del Sistema y se ha rediseñado el centro de notificaciones. En fin, mejoras estéticas y de organización del espacio. Y ahora viene lo bueno: cambios en aplicaciones (Safari, Mapas, Mensajes, FaceTime, Home, Music, Notes, Podcasts, Photos, Siri, etc.), mejoras en la notificación de la privacidad y actualizaciones más rápidas. Digo que esto es lo gordo porque no hay más, y el que no haya más es lo me parece más importante. Me explico:

En las notas completas de la flamante versión 11 no hay ni una sola mención a los requerimientos del sistema, solo una lista de los modelos que serán capaces de soportar el «nuevo» sistema. ¿Irá mi MacBook Air de 2015 un poquito más rápido que antes? ¿Más lento? Es decir, ¿hay mejoras en la gestión de procesos o memoria, de manera que ante la misma carga de trabajo el rendimiento sea superior? ¿Habrá más compatibilidad con otros sistemas de ficheros de forma nativa? ¿Volverán a funcionar viejos periféricos que dejaron de estar soportados porque sí? ¿Podré enchufar mi Android sin cutre-apps de terceros (o caras-apps de terceros)? No se sabe.

Tan solo hay una ligera mención a tres cosas que podríamos llamar «técnicas» en toda la página. Una es la mejora en privacidad (que no es tal mejora en privacidad sino en la notificación de la privacidad de las aplicaciones de App Store: macOS sigue siendo cerrado y, aparte de lo que diga la publicidad, nadie sabe lo que hace o dice y a quién se lo dice). Otra es que las actualizaciones serán más rápidas gracias a un sistema de firma en el sistema de archivos. También tengo una objeción a esta «mejora»: me da en la nariz que no hace sino esconder el cerrado absoluto y definitivo de la modificación del ordenador. Si es como yo creo, será imposible (o casi) instalar nada que no sea macOS, porque nada que no sea macOS tendrá una firma aprobada por la empresa que posee tu ordenador. Si eres un fanboy, mola. Si eres una persona con dos dedos de frente ya no mola tanto. Como siempre, esto es para protegerte de ataques maliciosos. Este tipo de seguridad es, en mi opinión, un error y deberíamos protestar contra estas prácticas (mira esta noticia). Por último, se menciona que ahora el sistema soporta la nueva arquitectura M1.1

La informática, el producto y el conocimiento del usuario

En realidad, esto no es más que la confirmación de una tendencia, la que me ha traído a escribir este artículo. Una tendencia que puedo, en mi ignorancia y pocas luces, rastrear hasta la incomprensible (para mí) decisión de Microsoft de no mostrar las extensiones de archivo. Ya lo dicen las Sagradas Escrituras: «En aquel tiempo, le pareció que era bueno que el hombre no cohabitara con las letras tras el punto, y las eliminó». En algún momento en el pasado, creo que con el cambio a XP, Windows dejó de mostrar por defecto las extensiones de archivo.

Puede parecer una tontería, pero esto aleja ligeramente al usuario de lo que es realmente un archivo, que pasa de entenderse como un elemento manipulable con un determinado programa (o con otro) a ser «una pieza de un programa». Es decir, ya no hay un archivo de texto (en el formato que sea) que se abre con un procesador de textos o con otro programa que entienda el formato, sino un «archivo de Word», un consumible para un producto determinado. Cualquier duda o conjetura que pudiera hacerse el usuario acerca de las posibilidades para manipular el archivo queda automáticamente truncada en favor de, por supuesto, la opción por defecto. Es decir, en favor del programa que «posee» el archivo. Y cambiar estas opciones, si bien es posible, se complica haciendo necesario rebuscar en los menús una configuración satisfactoria. El resultado es que la gran mayoría de usuarios «olvida» que existen formatos, programas o simplemente opciones diferentes.

Otro ejemplo de esta tendencia es la decisión de Google y Apple de eliminar los detalles de la URL visitada por sus navegadores (Chrome2 y Safari, respectivamente). Si usas cualquiera de estos dos, la seguridad de la página se muestra con un candado, pero no hay ni rastro del protocolo (https, por ejemplo) o del www sino solo el nombre del dominio (paquito.com). Nuevamente, el objetivo es hacer las cosas más fáciles, más claras y más seguras pero, a la postre, hacer que el usuario no necesite saber nada de lo que es una URL, qué dice o qué opciones hay. Me parece significativo que los tres protagonistas de estos ejemplos sean los tres grandes: Google, Apple y Microsoft, marcando la posición de la industria.

El último ejemplo es el que abre este artículo. En este caso, el sistema operativo más avanzado del mundo no es más que una colección de programas muy «cool» que te permiten hacer cosas maravillosas, pero no se sabe nada de por qué es avanzado. Por debajo hay algo que lo hace funcionar bien, pero no existe para el usuario, de manera que la razón para preferir un producto sobre otro es el diseño (hay mucha información acerca del diseño en la nota de lanzamiento de Big Sur) y las prestaciones, que no el rendimiento (hay mucho sobre las prestaciones de cada una de las aplicaciones incluidas, pero nada sobre el rendimiento). Cuando digo prestaciones me estoy refiriendo a «lo que hace» o «las cosas que trae», como «ahora puedes añadir confeti a tus mensajes» (literal, oiga).

Las clases de cocina y las clases de informática

Decía Krishnamurti en una de sus charlas (Suiza, 1985) que

cuando se ha desmontado un coche, como yo lo he hecho, y luego vuelve a funcionar, se aprende de mecánica. Después no es necesaria ninguna explicación o consejo acerca de la conducción o las prestaciones del coche, pues uno “entiende” la máquina.

Él se refería, y así lo menciona, a los coches de 1925: sencillos, duraderos y hermosos. En contraste, un coche moderno viene provisto de un montón de mecanismos mecánicos y electrónicos que permanecen ocultos al conductor. Existe un manejo, explicado en el manual de instrucciones, pero no la posibilidad de desmontarlo3. Es fácil ver cómo en los últimos años incluso el propio motor está tapado por una carcasa que lo hace parecer un bloque intocable, al estilo de una célula de combustible de Star Trek. De este modo, el coche ha pasado (en cierto modo) de «herramienta» a «producto». ¿Te suenan los anuncios del tipo de Nuevo [modelo X]: ahora con Spotify?

Para nuestra suerte, o nuestra desgracia, la informática es parte importante de nuestra vida diaria. Tanto si eres un profesional de la materia como si no, todos vivimos inmersos en un mar de chips de silicio controlados por programas. Y aún más importante que el número de dispositivos es cuánto los necesitamos: comprar, ver películas, acceder al banco, pagar los impuestos, solicitar una beca, charlar con la familia, hacer fotos, ver fotos, organizar un álbum, escuchar música… cada vez es más difícil encontrar cosas que no estén controladas por un ordenador (aunque existen alternativas, por supuesto). Y cada vez es más importante tomar conciencia de cuán grande es el alcance de este control y cómo de metidos estamos en la parte de la piscina «donde no se hace pie».

Esta tendencia, volviendo al tema que nos concierne, es fácilmente observable en la formación no especializada. Salvo contadas y honrosas excepciones, es extremadamente difícil encontrar «cursos de informática» que traten de informática, tanto más difícil cuanto más orientados a gente sin experiencia. En efecto, ninguno de los temarios de cursos de este estilo que he podido hojear menciona sistemas de archivos, particionado de volúmenes, estructuras de directorios, formatos de archivos… No se trata de herramientas y su funcionamiento, sino de manejo de productos. Haciendo una analogía con las clases de cocina, lo habitual no es aprender a amasar, sino los pasos para que la Termomix te haga una masa. Me gusta esta analogía, más que la de los automóviles. Exploremos.

En una clase de cocina se habla de «fuego fuerte» o de «remover sin batir», no de «el botón de la izquierda». Se trata de aprender cómo funciona el sistema. En su fantástico blog, Ondiz ofrece un montón de recetas de diversos tipos de pan, todas absolutamente recomendables. Y como esas recetas, otras cien mil que todo el mundo conoce, comparte y modifica. La lógica que hay bajo esta técnica de convertir la herramienta en producto, si se aplicase al mundo de la cocina, daría como resultado una receta de pan que sería algo como «depositar el contenido del sobre A en el compartimento frontal y seleccionar la función 2». El intento de añadir pipas de girasol a la masa terminaría en mensaje de error, por tu propia seguridad. Sin mencionar que deberías pagar una tasa (o ir a la cárcel) por compartir la receta con tu prima, que no ha pagado la licencia de pan artesano. Esto, que en la cocina es una auténtica aberración, en el mundo digital es el pan nuestro de cada día. Pero estamos mezclando churras con merinas.

El convertir la informática en producto en lugar de considerarla una herramienta nos desempodera y nos deja a merced de empresas que nos utilizan para, sencillamente, vender más; para alimentar una maquinaria que no parará nunca… hasta que no haya más combustible que arrojar a la caldera. Por eso, el anuncio de actualización de Big Sur me parece una aberración, un despropósito. Porque es, una vez más, la confirmación de que las grandes tecnológicas, en nombre del diseño, la facilidad de uso, la modernidad y el «no se preocupe, nosotros nos encargamos», separan cada vez más al usuario de la herramienta.

Los nativos digitales

Contrariamente a la primera intuición de casi todo el mundo, esta estrategia está surtiendo efecto en los más jóvenes. Los llamados nativos digitales, la generación que nació con un listófono4 en las manos, parece incapaz de intuir siquiera que «bajo el capó» hay una maquinaria que hace cosas pero que no sabes qué cosas son esas. Son expertos en el manejo de productos, pero no en la tecnología que subyace. Contrariamente a lo que se suele oír, los más jóvenes son quienes lo tienen peor si no se ponen las pilas. Al tiempo.


  1. También se anuncia a bombo y platillo algo que me parece demencial: si vives en Nueva York, San Francisco, Boston o Londres y tienes un iPhone 12, entonces puedes enviar la ruta en bici desde el Mac al iPhone. No dice nada de si es obligatorio que la bicicleta sea vintage o haya que recortarse la barba de determinada manera. Para mí es tan surrealista que no puedo ni hacer un comentario al respecto.↩︎

  2. Google intentó esto con la versión 69 de Chrome pero terminó por volverse atrás. Parece que Chrome 76 lo ha vuelto a implementar este verano. No soy usuario de este navegador, por lo que tampoco estoy muy al tanto de sus novedades. Es posible que haya más atrocidades.↩︎

  3. Hace poco, como ejemplo, John Deere había bloqueado la posibilidad de que los propietarios reparasen sus propios tractores.↩︎

  4. En inglés, smartphone.↩︎